Reflexión Personal

Mi historia con el diagnóstico: el día que todo cambió

Publicado el 4 de Agosto, 2025

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Durante mucho tiempo creí que los grandes cambios llegaban con avisos, con señales claras, como en las películas. Pero no. A veces basta una frase corta para voltear la vida entera. “Tu resultado dio positivo.” Ese fue el momento exacto en el que todo cambió. Pero también, aunque no lo entendí en ese instante, fue el momento en que comenzó otra historia.

Después del diagnóstico, los días pasaban lentos, pesados, como si el mundo hubiese perdido color. Me sentía dividido: por fuera seguía siendo el mismo, pero por dentro todo era distinto. No sabía a quién contarle, ni cómo. Sentía vergüenza, miedo, y una soledad que dolía físicamente. Tenía un secreto enorme dentro de mí, y no tenía idea de cómo sostenerlo sin derrumbarme.

El estigma que había aprendido desde niño se activó con fuerza. “¿Y si se enteran?”, “¿Qué van a pensar de mí?”, “¿Me van a rechazar?” El silencio se convirtió en una forma de protección, pero también en una cárcel. Me aislaba, sonreía por compromiso, pero por dentro tenía una tormenta que no sabía cómo calmar.

"En medio de todo ese caos interno, algo comenzó a nacer: una necesidad de entender. De buscar información, de leer, de conocer mi cuerpo, de saber qué venía después."

En ese proceso descubrí que vivir con VIH no era igual a morir. Que existían tratamientos. Que podía tener una vida larga y plena. Que no estaba condenado. Tomar la decisión de iniciar el tratamiento fue otro punto de quiebre. Más allá de las dudas, había una certeza que se abría paso: yo quería vivir. Y quería vivir bien. Ese deseo fue más fuerte que el miedo.

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